Oda al matrimonio

Matrimonio es una palabra muy vapuleada en el siglo XXI. Es una lástima que tantas mujeres se pierdan de pasar por esta experiencia, sobre todo en sus 20, cuando lograrían sacar mayor provecho de esta.

En esta oportunidad, quisiera compartir con las más jóvenes un camino distinto al que está en boga. Desde mis vivencias como mujer quiero recomendarle a toda joven que se precie, tenga sueños y determinación que se case.

El Matrimonio es una herramienta de sociabilización increíble. No perdés tu individualidad como dicen las malas lenguas sino que la potenciás, le ofrecés a la gente todos los beneficios que pueden dar no sólo tú sino tú con tu esposo: el paquete perfecto. Mi esposo, por ejemplo, le cae bien hasta a la gente que a mi me cae mal, dejando siempre la puerta abierta a nuevas oportunidades.

Cuando decidí casarme nunca creí que fuera a ser tan feliz. Muchas problemas de pareja se solucionaron por sólo dar el sí. Por ejemplo, le dejé muy en claro a mi novio que ahora que íbamos a casarnos, eso significaba elegir entre su mamá y yo. Fue tan simple chicas, ¡gané la guerra!. La satisfacción fue instantánea e infinita.

El mejor aspecto del matrimonio, aparte de la seguridad de tener un hombre al lado que haga las tareas pesadas como pagar las cuentas y dar vuelta el colchón, es que recobrás el poder de tu vida. Ya no más perder el tiempo ni el pensamiento en boludos atómicos, en organizar castings de cita speed date ni tener que sobreponerte a cada constante y obvia próxima desilusión. Ya no tenés que ahogarte en ese mar lleno de peces brillantes y de colores, eso es lo que te devuelve tu libertad, tu centro, tu yo. Por más de que no tengas un marido complaciente, estás vos para darte todos los gustos que nunca te diste porque estabas tratando de complacer a otro hombre para que te quiera y se quede con vos.

No entiendo a las mujeres que deciden dejar el compromiso con la pareja para cuando ya tengan arrugas y el periné agotado. Algunas son adictas al trabajo, donde pasan 10 horas por día, para luego llegar a su casa, vacía, con una angustia existencial y una ansiedad que, digamos la verdad, se ve a la legua. Otras, no logran sentirse aptas para compartir su vida con un buen hombre y pierden el tiempo con relaciones tomagochi (próximamente en PM) o relaciones pizza.

Cuando estás casada no sólo sabés lo que querés sino que te ocupás de hacer tus deseos y sueños realidad. Es muy distinto a cuando pasás años y décadas soltera y hasta el verdulero de la vuelta se da cuenta de que no sabés lo que querés. Hasta el peluquero que está harto de cambiarte el look huele que te da miedo compartir tu vida con alguien porque no tenés idea de quién sos.

Una mujer casada se complace en consensuar el menú de la cena, se halaga en no tener que usar ropa de pendeja de 15 años para llamar la atención, se deleita en tener que limpiar los pelos de barba de su esposo del lavamanos sin planear como venganza dejar tampones sucios o la bombacha colgando de la bañera cual soltera sin escrúpulos.

Si pudiéramos calcular la cantidad de horas y energía que pierde una mujer en ser soltera se daría cuenta de todo lo que esto afecta a su productividad y al desarrollo de su ser. Todo ese tiempo que pierde la soltera en inspeccionar la pecera mundial NO VUELVE.

Sí, siempre puede haber alguien mejor ahí afuera pero mientras las solteras enfocan la búsqueda de su felicidad en encontrar a ese alguien se pierden de encontrarla en sí mismas. La idea no está en encontrar una persona que te complemente, sino en encontrar una persona que quiera compartir ese sueño de ser vos misma, de ser feliz, de tener una familia propia. Porque no hay caso en que tantas mujeres estén solas y tristes y encima tengan que hacer un esfuerzo descomunal para demostrarle al mundo que están felices y realizadas sin un hombre porque lo cierto es que pasan la mayor parte del año buscando quien comparta esas sábanas de satén que compraron o con quien compartir un nespresso a la mañana.

Por todo esto y más, desde Primeras Damas recomendamos a esas chicas que están cansadas de Happen y Tinder que dejen de buscar aventuras, se miren al espejo y se comprometan con un “Sí, quiero”. Sí, me comprometo a ser feliz. Sí, quiero dejar de perder el tiempo con pelotudos. Sí, me quiero casar.

 

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