Mujeres pizza

Hay muchas formas de ser mujer y una de ellas es ser una mujer pizza. Mujeres puerta a puerta. Mujeres pendientes de un celular que nunca es silenciado, ni en altas horas de la madrugada. Mujeres que esperan ese mensaje o llamado, el de algún famélico que quiera pizza a las 4 de la mañana para llevárselas sin cobrar ni viático.

Mujeres ideales para un hombre que no quiere comprometerse. Aquellos que no quieren compartir la cama de 1,40 con nadie. Aquellos que sólo tienen apetito para una pizza bien caliente y jamás invertirían su tiempo y esfuerzo en una mujer gourmet. Son la síntesis de la cultura fast food en el sexo, su premisa es saciar el hambre a un bajo costo sin importar la calidad.

Muchos de los consumidores de mujeres pizza osarán mostrarse como hombres refinados y merecedores de una mujer gourmet por su intelecto, formación y atractivo físico pero se encuentran atrapados en esta triste adicción. Sus agendas de contactos desbordan de números telefónicos, llenos de posibles proveedoras de sexo pizza, tantos como imanes en la heladera de un veinteañero que recién se muda solo.

Pero dónde empieza este fenómeno, ¿en la mujer proveedora o en el consumidor?

Algunos dicen que las mujeres pizza son mujeres que entienden su lugar y otros que son muy inseguras como para ocuparlo o reclamarlo. La realidad es que son mujeres que no entienden por qué están solas. Por qué los hombres no las toman en serio.

Están enredadas en un ciclo vicioso de pérdida de valor propio. Atrapadas en este sistema de satisfacción instantáneo. Consiguen validación automática y placer express pero al día siguiente se sienten vacías y deben salir al mercado a buscar nuevos consumidores y validadores.

Esta incapacidad de retener clientes se vuelve cuesta arriba. Tras sus repetidas experiencias se vuelven mujeres pizza expertas. Desaprenden el comportamiento de una mujer gourmet, desaprenden la inocencia, el autovalor y el respeto. Se alejan cada vez más de ser material de calidad, empiezan siendo una pizza de Guerrín y terminan siendo una pizza de Ugi’s.

Pero cuál será el destino de estas mujeres. Desde Primeras Damas no podemos augurar buenos presagios. Lo que recomendamos a estas mujeres es que se abstengan de hacer delivery y a sus consumidores les recordamos: “Nada bueno viene en una caja de cartón”.

 

 

 

 

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