Yo burgués. Él, nene de papá

Prefiero ser “burgués” que “nene de papá” le contesté. Él me miró de reojo y apretó los dientes. El profesor intervino, la cuestión giró para otro lado y el resentimiento mutuo contaminó el ambiente del aula como el olor del queso cheddar en la sala de un cine.

Es que la palabra “burgués” pasó a ser en las últimas décadas casi un insulto; un concepto que engloba por sí mismo una serie de agravios subyacentes y compartidos; el burgués pasó a ser un chancho, un vago, un acomodaticio; el burgués pasó a significar lo contrario del revolucionario; un tipo que solo busca acumular capital y vivir con su familia; un aburrido, un hombre gris.

Lo significativo es notar como muta el lenguaje porque los burgueses, traté de explicar más tarde, fueron revolucionarios (y los verdaderos, siguen siéndolo). Los Burgueses fueron en la historia quizá los primeros en tener éxito imponiendo la idea de que uno puede nacer sin nada, sin títulos nobiliarios, dotes o recursos heredados; sin un determinado cargo público garantizado o profesión asignada; sin un “papá” que proteja, entre otras cosas, y aún así convertirse en alguien, darse un nombre, parársele a la naturaleza y al resto del mundo y decirle “acá estoy, vine para quedarme y para ganarme lo que va a ser mío por esfuerzo, capacidad y trabajo”. Y esas ideas las defendieron a sangre y fuego, si fue necesario, como en 1820, 1830 o 1845. No desde la barra de un boliche de moda o haciendo sufrir a una pobre guitarra eléctrica como un “revolucionario” que yo sé.

También resulta significativo (y hasta tragicómico) que los primeros que intentan insultar con la palabra “burgués” suelen ser justamente los que consciente o inconscientemente pugnan por un orden retrógrado basado en linajes, contactos, “rosca”, y componendas oscuras; los que ocupan cargos (se da mucho en el poder judicial, sobre todo, o en las gobernaciones de provincias, aunque suele ser la regla en lo privado y lo público también) por el solo hecho de cargar determinado apellido (generalmente doble, o triple o una generala de apellidos), los que le temen al progreso, a la movilidad social, a la competencia, al mercado libre de esfuerzos y capacidades; esos, los “acomodados” han visto y ven al burgués como una amenaza y entonces vociferan y claman por la reimposición de un ancien regime que les garantice la comodidad de una posición social heredada, en donde ellos son reyes que “militan” pero no laburan y los demás, simples burgueses interesados por el vil metal.

Si se lee en esta clave la historia de nuestro país, no debiera llamar la atención que nuestro máximo “revolucionario” se llame entonces “Guevara Lynch” y su revolución haya consistido en pasear en moto, asesinar disidentes e intentar imponer dictaduras allí o allá.

Eso es lo que enfrentamos. Eso es lo que nos amenaza. Eso es lo que subyace a las “nuevas organizaciones de militantes”, eso es lo que se esconde detrás de un discurso bonito que supuestamente le habla a los “descamisados” escondiendo un cocodrilo en el bolsillo (y en la chomba) o una cartera Louis Vuitton, como estandarte.

Las serpientes solo logran esconderse, hasta que se golpea la grama. Llamarlos por su nombre, es un buen comienzo.

Yo burgués. Él, nene de papá.-

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Relaunchjulio 9, 2017
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