Muchacho peronista

-¿Querés salir un rato? –  le pregunté al muchacho peronista al oído mientras la música sonaba demasiado fuerte.

 

Ya estaba cansada de bailar cumbia. Esa noche había comenzado de forma prometedora en el local del candidato, el eterno perdedor del oficialismo de ese entonces.

 

Gilda seguía sonando de fondo y yo me encontraba ansiosa por experimentar mi primer amor peronista. Quería encontrar el misterio que hay detrás de un peroncho. Estaba segura que tenía que tener algún secreto, algún encanto, quería saber de qué trataba eso de “sentíamos con un mismo corazón” sobre lo que había escrito el General. 

 

Seducida por eso y algo más lo besé. Tal vez fue su condición de pibe de barrio, de militante férreo de su agrupación universitaria, tal vez fue mi lectura adolescente de ¨La razón de mi vida¨, tal vez fue el pensar en la fortaleza de la pareja más icónica de la política argentina o simplemente fue soñar con todos esos vestidos Dior de Evita.

 

Algunos de sus compañeros nos vieron besándonos en la vereda del local, perdiéndonos la fiesta. Seguro no podían entender cómo el militante con sobrenombre de achura terminó con la chica liberal, aquella que fue a una fiesta nac&pop con un sombrero y se quejó de los vasos de plástico de la barra popular. Y aquella noche comenzó una intensa dicotomía en mi corazón. 

 

Lo que más me gustaba de su cuarto era su gran biblioteca, lo que más me divertía era su póster de Perón y Evita, lo que más odiaba era su póster de Néstor y Cristina. Lo que más me hacía reír era que me cantara la marcha peronista en la cama solo para molestarme.

 

El muchacho peronista fue un compañero en algunas de mis noche de insomnio, me atraía su inteligencia, sus gustos simples, su origen proletario, su buen humor. Pero, ¿cómo se puede construir un lazo con alguien que se encuentra en el otro espectro ideológico? ¿Cómo entender su amor por el Estado de Bienestar, su apoyo al populismo barato? ¿Cómo besarlo después de que se pronunciara a favor de todo intervencionismo?  ¿Cómo seguir escuchándolo después de que repitiese veinte veces el término Justicia Social?

Simplemente un amor peronista está signado, al igual que las políticas de sus gobiernos, por el cortoplacismo. Es el summum del oportunismo, la habilidad para ganar pequeñas elecciones, pero con la incapacidad de construir algo sólido a largo plazo. Porque el amor también está presente en la lucha del poder, y los opuestos son disfuncionales.  El General tenía razón, para un peronista no hay nada mejor que otro peronista, y yo simplemente no lo era,  ni  quería serlo. Así que terminamos, por suerte no fue en un 17 de octubre.

 

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Relaunchjulio 9, 2017
El gran día

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